Ladran los perros descalzos
sobre tu tumba vacía,
ladran ladrando su amor
a tu piel caliente o fría.
Y sus ladridos encandilados
son la promesa de algún bocado:
¡pierna de hombre!
¡pie de persona!
¡cabeza hueca y melocotona!
Bailan los dientes sus dentelladas
entre tus ropas almidonadas,
dales tus manos, no te reprimas,
que arrebañadas están divinas.
Baña la baba la losa rota,
baña la estaca que te acogota,
baña la tierra, baña los dientes,
baña los lirios adolescentes.
Los perros ladran tu muerte
satisfechos y compadres,
te agradecen la atención,
quieren que con ellos ladres.
Y tú, ladrón, ladras huesos
desde sus tripas vacías;
lugar seguro las tripas
donde no hay noche. Ni día.
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