sábado, 8 de agosto de 2026

CRÓNICAS.


En Ceuta, Cruz Roja aterriza con una eficacia casi militar: chalecos, vehículos, recursos, cámaras y el inevitable barniz humanitario. Cuando la emergencia habla el idioma de la Agenda 2030 —migración, acogida, inclusión—, el engranaje globalista funciona como un reloj suizo.


Cuando ardieron pueblos enteros, los primeros en llegar fueron agricultores con tractores, vecinos con cubas y voluntarios jugándose la vida. Durante la operación DANA, el barro lo retiró el pueblo mientras buena parte del aparato oficial esperaba a que la fotografía resultara segura. Las ONG aparecieron después, cuando ya había cámaras, relato y suficiente distancia entre la tragedia y el barro real.

Nos dicen que son organizaciones independientes. Claro. Independientes con subvenciones públicas, fondos europeos, convenios internacionales y proyectos perfectamente alineados con los objetivos de quienes pagan. El milagro de la filantropía moderna: siempre sabe dónde debe mirar y, sobre todo, dónde conviene no hacerlo.

No falta dinero. No faltan medios. No falta capacidad de movilización. Lo que existe es una jerarquía política de víctimas. El inmigrante sirve para exhibir inclusión. El agricultor arruinado, el vecino sepultado por el barro o la familia que ha perdido su casa en un incendio resultan mucho menos rentables para el relato.
Las ONG ya no solo reparten mantas. También reparten legitimidad. Los gobiernos financian, los medios bendicen y ellas ponen el rostro compasivo a decisiones que nadie ha votado. Todo muy humanitario. Todo muy neutral. Todo muy Agenda 2030.





9600 muertos en una semana de calor en Alemania, titula El País. El dato impresiona. Lo que apenas se explica es que el estudio habla de muertes estimadas por exceso de mortalidad, no de 9600 personas certificadas médicamente como fallecidas por el calor.

Pero para qué estropear un gran titular con un pequeño detalle. Si el número sirve para alimentar el miedo climático, la estimación asciende inmediatamente a hecho probado.
La ciencia aporta el modelo. El periódico pone la sentencia. Y el lector recibe el susto ya perfectamente cocinado.

Cristina Martín Jiménez. Telegram.

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