Quiéreme Antón, o ámame,
o no me quieras, ya ves...
Que yo te daría permiso
para ponerme un piso,
un bar, un almacén, un kiosco, un chiringuito,
algun local que me alivie de vagar
por bajos soportales mojados y sombríos
en los que habita el frío;
por remotas plazas olvidadas, vacías, desoladas,
por turbios rincones de perdición y hastío,
por sórdidas calles inclementes
que dan escalofríos;
por descampados tristes y baldíos...
Alíviame de soportar aparatosas multitudes
preñadas de ruido,
ansiosas y apretadas,
exaltadas, brutas, absurdas, delirantes.
Y sálvame también
de esas noches huérfanas de sueño,
de inútiles empeños,
de fantasmas y quimeras,
de quebrantos.
Y acéptame, Antón,
con ojos que acaricien
las fronteras del llanto.
Pd.- Quiéreme, sí, pero no tanto
como para que pierda el norte, la conciencia,
el bienestar, la paciencia...
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