miércoles, 11 de marzo de 2020

CURSILLO.


Refrán:
Hace mucho el que no estorba.



Nuestras invenciones acostumbran a ser juguetes bonitos, que distraen nuestra atención de las cosas serias.

Henry David Thoreau.




Cuando hablamos de la Iluminación o de la Unidad, no hacemos más que especular sobre la Nada.

Wayne Liquorman.




La aparición del sujeto es ya la perfecta expresión de la unidad, nada tiene que cambiar para que esto sea así. La iluminación y el despertar no son necesarios, todo está simplemente en el guión del teatro. Sólo existe la conciencia y la unidad, sin atarte a la fascinación del juego de las imágenes has descansado en el reconocimiento de tu verdadera naturaleza.

La apariencia actual, sea ordinaria o extraordinaria, es el contenido de la conciencia. El permitir que la vida sea tal como es, más que el esfuerzo por estar atento al "yo" o a la iluminación, es lo que facilita la búsqueda de la verdadera naturaleza. En el juego de la vida, los esfuerzos por estar al tanto del "yo" y de iluminarse son los que provocan la búsqueda, los esfuerzos de estar atentos al "yo" es lo que refuerza la identificación con él. 

Descansar en la vida tal como es proporciona al final una vida ordinaria corporal con algunas buenas trazas de iluminación. El pensamiento continúa apareciendo, la vida va, pero no conlleva la complicación de buscar la unión. La vida es vista como una expresión del todo más que una búsqueda de este.
La conciencia y el contenido son uno, conciencia. Tu eres conciencia despierta y consciente, una aparición como un todo en el presente.

Nathan Gill.





Ninguna actividad (o no actividad) de la mente traerá la iluminación. Lo mejor que la mente puede hacer es explorar sus propios sistemas de creencias y llegar a la conclusión de que no sabe nada acerca de la realidad, aunque, al mismo tiempo, es una expresión de la misma. Cuando esto se ve claramente, la mente, espontáneamente y sin esfuerzo, llega a su fin. En ese momento nos encontramos abiertos, disponibles, ignorantes y presentes.

No te creas que con la iluminación, de repente, nos convertimos en personajes sosos y blanditos. Por el contrario, una vez que el verdadero carácter es liberado después del descubrimiento de nuestra verdadera naturaleza, florece. En algunos puede que sea muy colorido, en otros puede que sean matices sutiles.
De hecho, la revelación de nuestra verdadera naturaleza no es ni repentina ni gradual sino que es atemporal. Atemporal porque la mente no está presente, y cuando no hay mente no hay tiempo.


Cuando la mente vuelve de este no-acontecimiento puede que se dé cuenta o no. Si la revelación de nuestra verdadera naturaleza viene sin haberla solicitado, sin que hubiera un interés previo, hay muchas posibilidades de que cuando la mente vuelva se dé cuenta de que hay bastantes diferencias, mirará alrededor y dirá  “¡Guau! No reconozco ya más este mundo, este cuerpo, esta mente”. Pero, como es más habitual, si ya hemos estado explorando estos asuntos durante dos, cinco, diez, veinte, treinta, cuarenta años, el cuerpo-mente habrá seguido el ritmo a la altura de esta exploración durante estos años, y cuando este no-evento transparente es revelado, cuando la mente vuelve a mirar alrededor, puede que no se dé cuenta al principio de nada, o puede que diga “es verdad, no hay un yo separado aquí, me doy cuenta de que soy libre”. Y después se irá a la cafetería a tomarse el desayuno como todos los días, no es un gran asunto. Vuelve a casa y, puede que se lo diga a su marido o mujer, o puede que no se lo diga, puede que nunca hable de ello, puede que incluso jamás lo formule; simplemente prosigue su vida viviendo felizmente.

Rupert Spira.


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