DE LOS CUARENTA PARRIBA
NO TE MOJES LA BARRIGA.
Ella se marchó
justo en el momento
en el que él decidió
dejarse de cuentos.
Desapareció
en un santiamén
sin decir adiós,
que lo pases bien.
Y alli se quedó
con cara de idiota,
sin saber por qué
posaba en pelotas
de pie ante un espejo
que le devolvió
un aire de viejo
nuevo para él,
que le sorprendió
por primera vez.
Y allí terminó
su estriptis casero
su gran ocasión
de verse el plumero,
de no ser quien fue,
de jugar la baza
de sacar partido
de las calabazas.
Recapacitó,
ya sin miramientos,
que un choque frontal
no siempre trae muertos.
No pidió perdón,
ni se dio a la fuga,
se vistió sin más,
estiró una arruga
y fue a pasear
su nueva figura.
NO TE MOJES LA BARRIGA
DE LOS CUARENTA PARRIBA.
Cuando él se marchó
justo era el momento
en que ella decidió
dejarse de cuentos.
Desapareció
en un santiamén,
sin decir adiós,
que lo pases bien.
Y allí se quedó
con cara de idiota,
sin saber por qué
posaba en pelotas
de pie ante un espejo,
donde pudo ver
su cuerpo menguado
y su ajada piel
que la sorprendió
por primera vez.
Y allí terminó
su estriptis casero,
su gran ocasión
de verse el plumero,
de no ser quien fue,
de jugar la baza
de sacar partido
de las calabazas.
Recapacitó,
ya sin miramientos
que un choque frontal
no siempre trae muertos.
No pidió perdón,
ni se dio a la fuga,
se vistió sin más,
miró sus arrugas
y salió a lucir
su nueva figura.
miró sus arrugas
y salió a lucir
su nueva figura.
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