lunes, 27 de abril de 2020

GANADERÍA INDUSTRIAL.


Las consecuencias de la Revolución Industrial sobre la clase obrera fueron aplastantes.

Antes, el trabajador que poseía un par de manos capaces y un equipo de buenas herramientas estaba en relación de casi total igualdad con el patrono; producía directamente para el consumo, y él mismo consumía gran parte de su producto. Ahora, en cambio, el sistema de la fábrica se iba generalizando. Las herramientas eran sustituidas por máquinas. Nacían fábricas inmensas que empleaban millares de hombres, mujeres y niños.
De repente, las máquinas eran más importantes que las manos. El trabajo dependía de las condiciones dictadas por las máquinas. Los artesanos especializados, orgullosos en otro tiempo de su habilidad, quedaban reducidos ahora a obreros normales, meros apéndices y siervos de las máquinas. El trabajo se había convertido en una de tantas mercancías del mercado, no diferente de las materias primas o del carbón. Su objetivo ya no era el directo de producir, sino el de hacer funcionar las máquinas para enriquecer a los patronos. 

Cualquier consideración humana pasaba a segundo plano, en la industria, frente a la acumulación de grandes fortunas por parte de quienes poseían las máquinas y las materias primas.

Doctor Peligro.


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