sábado, 20 de octubre de 2018

JUGANDO.


Igual que murió el territorio sin dueño, está muriendo el juego. Se extingue el juego libre, indómito, no gobernable: ese juego que vemos en los niños cuando se encuentran y empiezan a hacer cosas, sin seguir reglas, sin obedecer a patrones de uso de un juguete, sin que nadie los dirija; y algo llevan efectivamente a cabo, con sus manos, con su cerebro, con su cuerpo todo, ya sobre un montón de arena, ya contra las olas del mar, ya en el rincón de un cuarto. De forma autónoma, desinteresada, cooperan unos con otros, conscientes de que están inventando, forjando. Y pasa un rato y llegan los resultados: una dramatización improvisada, una realización colectiva, esta o aquella destrucción, etcétera. 
Han estado sin duda «jugando»; y ese era el juego libre, creador, que el capitalismo no podía tolerar.

Lanzó contra él a sus dos esbirros: el mercado y el poder. El mercado alumbró la industria del juguete, la organización comercial del ocio, las transacciones del esparcimiento. El poder absorbió el juguete para investirlo de «pedagogía» y hacerlo servir a fines políticos, siempre de adoctrinamiento difuso y de «corrección» de la subjetividad; y surgieron los «juguetes educativos».

En efecto, en el «juguete educativo» se mezclan y casi confunden los dos vectores de corrupción del «juego libre»: el mercado, puesto que ese juguete se compra y para adquirirlo tenemos que vender previamente nuestra fuerza de trabajo; y el poder, ya que lleva incorporada la pedagogía en tanto medio de domesticación social, de inculcación de determinados valores. Y hubo «juguetes educativos» fascistas, y los hubo comunistas, y los hay «para la democratización y el ciudadanismo universal». 


Al servicio de las tres ideologías, una tropa vil de psicólogos, sociólogos, educadores y animadores cayó sobre la infancia para «hacerla jugar» al modo más reproductivo y legitimador del orden instituido. No contentos con saturar las escuelas con sus venenos administrados, luego se esforzaron por llevar también tales artimañas educativas a los hospitales, a las empresas, a los reformatorios, a las cárceles y hasta a los cuarteles…

Pedro García Olivo.

jueves, 18 de octubre de 2018


PERSOSONAJEJES*


Digo ¡Ego!, y nadie me responde;

O digo ¡Eco!, y nadie me responde;

¡Nadie!, digo, y me responde el ego.

O, ¡Nadie!, digo, y me responde el eco.

Ocultándonos torpes tras el juego
que en la infinita realidad se esconde.

Ocultándonos torpes en el juego
que en la infinita realidad se esconde.

 Ocultándonos torpes tras el juego
que la infinita realidad esconde.

Ocultándonos torpes en el juego
que la infinita realidad esconde.


*Según variables dependientes de la función de onda
de orbitales cuánticos de conciencia no local.



viernes, 12 de octubre de 2018

EL FINDE.


La existencia del actual Universo depende exclusivamente de una única y anonima persona que desconoce su papel principalísimo. No es ninguna de las que han vivido y muerto en el pasado, sino alguien que vive ahora o vivirá en un futuro más o menos próximo o lejano
Cuando esta persona muera, todo desaparecerá instantáneamente volviendo a la nada que la parió.
Resulta imposible saber de antemano de qué persona se trata porque no hay ningun signo, señal o particularidad concreta que la identifique como alguien especial o extraordinario.

Llegado ese momento impredecible, nada importará ya nada a nadie puesto que no habrá nadie para atestiguarlo, vivirlo o documentarlo.