viernes, 16 de noviembre de 2018

GANADERÍA.


La Tabla de las Leyes: desde la pared de mi cuarto sus letras púrpura sobre fondo de oro me contemplan con ojos benignamente severos. Involuntariamente se me ocurre pensar en lo que los antiguos llamaron icono y quisiera escribir versos o rezar (lo que al fin de cuentas es lo mismo). 
¡Oh!, ¿por qué no seré poeta, para ensalzarte dignamente, oh Tabla de las Leyes, tú, que eres el corazón y el pulso del Estado único?.

Todos nosotros (quizá también ustedes) hemos leído ya en la edad escolar el más voluminoso de todos los
monumentos conservados de la antigua literatura: La guía de los ferrocarriles. Compárenla por un instante
con la Tabla de las Leyes, y observarán que aquélla es como el grafito y ésta es como el diamante (¡hay que
ver cómo luce el diamante!), y, sin embargo, ambos, el diamante y el grafito, proceden del mismo elemento C: el carbono; sin embargo, qué transparente y claro es el diamante y cómo brilla.
Seguramente ustedes se quedarán exhaustos al recorrer las páginas de la guía-itinerario. 

La Tabla de las Leyes de horas, sin embargo, convierte a cada uno de nosotros en el héroe de acero de seis ruedas, en el héroe del gran Poema. Cada mañana, nosotros, una legión de millones, nos levantamos como un solo hombre, todos a una misma hora, a un mismo minuto. Y a un mismo tiempo, todos, como un ejército de millones, comenzamos nuestro trabajo y al mismo instante lo acabamos.
Y así, fusionados, en un solo cuerpo de millones de manos, llevamos todos al unísono, en un segundo
determinado por la Tabla de las Leyes, la cuchara a los labios, y al mismo segundo paseamos, nos reunimos en torno a los ejercicios de Taylor en los auditorios y nos acostamos... 


Quiero ser absolutamente sincero: la solución absoluta, definitiva, del problema dicha, es decir, de la felicidad no la hemos hallado aún: dos veces por día, de las 16 a las 17 horas y de las 21 hasta las 22 horas, el gigantesco organismo se divide en células individuales... Éstas son las horas fijadas por la Tabla de las Leyes para el asueto personal, las horas personales. Durante estas horas usted podrá observar el siguiente panorama: unos están sentados en sus habitaciones, detrás de las cortinas cerradas, otros pasean al compás metálico de la marcha por las avenidas y otros aún están detrás de sus escritos, como yo en estos instantes. Pero creo..., no
importa que me llamen un idealista o un fantasioso; creo firmemente que cierto día, tarde o temprano,
hallaremos también un lugar para estas horas en la fórmula general, y que entonces la Tabla de las Leyes
abarcará la totalidad de los 86.400 segundos del día. 


Yevgueni Zamiatin. Nosotros. Anotación número 3.



 Habitamos siempre en nuestras casas transparentes que parecen tejidas de aire, eternamente circundadas de luz. Nada tenemos que ocultar el uno al otro y, además, esta forma de vivir facilita la labor
fatigosa e importante del Protector.


Yevgueni Zamiatin. Nosotros. Anotación número 4.


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