63.-Anécdota.
- ¡Qué buen centro!
- Eso es gol seguro.
- O no.
- Qué sabrás tú.
- Pos anda que tú... ¡ey!, ¿ves?
- Ná.., suerte.
..............
Cerré los ojos. ¡Qué jaleo!
Abrí los ojos. Lo mismo.
Abrir y cerrar los ojos es un ejercicio recomendado para serenar la mente. Rápidamente al principio, luego cada vez más despacio hasta que suena el despertador. ...58... 59... sesenta.
Los números. Vaya cosa.
Pero en este caso me sirvieron de algo.
Me dí cuenta de que no se puede ser a la vez uno y dos y de que incluso el ser uno ya es suficientemente complicado como para tener siempre a mano unas aspirinas.
Un par de días más tarde recibí por correo urgente un urgente envío de la Sociedad para el Estudio del Centro y de los Centros (SeCeCe) que me incluía entre los nuevos socios.
Enseguida pedí más información y a la mañana siguiente tenía entre mis sudorosas manos un manoseado manual sobre el Centro así como un libro de instrucciones y una maqueta plegable y desplegable de manualidades.
(Si no le satisface puede devolverla sin desenvolver devolviéndola sin compromiso por ninguna de sus partes).
Ahora, ya sí, soy un Experto en Centro. Centros.
Ya veréis.
O no.
64.-El Centro se difumina
Una densa, absurda, fina, espesa, imprecisa nieblilla cuántica ocupaba simultáneamente el lugar donde, a veces, un instante antes, un día, un año, un milenio, diezmil millones de años antes o después parece ser que se manifestaba, quizás, el Centro. A veces. A ratos.
65.- ¿Qué es el Centro?
A.- Una ilusión.
B.- Un frenesí.
C.- Una pasión.
D.- Motivo de confusión.
E.- Que ningún Centro es tal Centro
pues toda la vida es Centro
y el Centro alucinación.
(Quod erat demonstrandum).
Comprobando.
- Camarero, póngame una alucinación de huevos con jamón.
- ¿Vino?
- Claro que vine, ¿no ve que estoy aquí?. No alucine.
- ¿Tinto?
- No tan tinto.
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