miércoles, 5 de febrero de 2014

VISION.


                Niños.  ¡Niños!.  ¡¡Ni! ¡ños!!.

   Los velos de la vida no habían dejado ver aún la horrible cara del destino desatado.
   Las vívoras adolescentes no inundaban los nidos que algún día serían el hogar de todos ellos, inocentes abortos fracasados, ecos tristes de pasiones protegidas por la oscuridad.

   La dulce sábana multicolor que protege el alba de la vida iluminaba como un prisma de diamante la carita delicada que cada uno llevaba como un trofeo arrancado a la noche de los limbos.

   ¡Ah,la juventud!,pensaba alguna vez el transeúnte que arrinconado en su destino cruzaba casualmente por aquellas regiones inexploradas,ajenas a los pontífices de la edad y el cautiverio.
    Con un estremecimiento de violetas el aire del país de las maravillas se extrañaba en tales ocasiones, intuyendo con la sabiduría propia de los locos que el peligro atravesaba impune los caminos de la pureza traicionada.

   Hasta que llegó el delirio semejante a una epidemía sin cura y sin futuro.
   El jardín se convirtió en pradera y luego en vastos campos de secano en los que sol y luna estrellaban su luz convaleciente atravesada de gritos y carreras.

   La gente gritaba con espanto:

   ¡Anarquía!.

   Y nada más.

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