domingo, 25 de septiembre de 2011

NOTA.

He trabajado respondiendo a impulsos concretos por esclarecer cosas concretas, acuciada por la necesidad de entender lo que pasaba y de propio equilibrio y auto-regulación psicosomática. Por poner un ejemplo concreto: la necesidad de entender y definir la pulsión del deseo materno, percibida de un modo tan nítido que toda la presión del magma no fue suficiente para que pasara por mí como si nada.

Sin la fuerza y la guía de la pulsión creo que no se puede traspasar el magma dogmático, o por lo menos yo ni me lo hubiera planteado: nada, ninguna otra cosa, me había sugerido antes que la idea de la maternidad que tenía, socialmente establecida y culturalmente argumentada, fuese una monumental mentira.

Así es como aparece el interés por algo que quieres saber y que no lo encuentras dicho en ninguna parte, o al menos nadie te lo ha dicho a ti, ni a lo largo de la enseñanza reglada, ni tu familia, ni la literatura y la cultura en general a la que has tenido acceso.

A base de buscar, a veces encuentras que hay cosas que sí que han sido dichas, unas veces de forma muy clara, y otras parcialmente, sesgadamente, difuminadas en otro contexto; pero enterradas o arrumbadas al margen de los medios normales de transmisión de conocimientos.

Esta manera de buscar y de investigar, desde mi punto de vista, no sólo es válida, sino que es la que directamente se enfrenta a ‘la mentira universal’, al dogma conceptual básico; pero tiene sus inconvenientes, y es que te hace a veces a simplificar los fenómenos. Aunque la simplificación se pueda justificar, porque muy posiblemente en un primer momento sea inevitable, no quita que lo sea.

Cuando vislumbras la verdad que hay detrás de una mentira, es tal el deslumbramiento que irradia, que oscurece todo lo que la rodea. La verdad concreta que emerge tiende a aíslarse, difuminando sus conexiones, y con ellas, a veces, sus matices.


Casilda Rodrigáñez.

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